“EL BUEN DIOS ME HA BENDECIDO PORQUE SIEMPRE HE DADO GRACIAS A LA PROVIDENCIA” Juana Jugan

Toda la vida de las Hermanitas, “dada a manos llenas“, no bastaría para realizar todo el trabajo necesario para procurar el bienestar necesario a los ancianos acogidos en nuestras casas. Gracias a Dios, las Hermanitas no estamos solas; numerosos amigos y colaboradores están cerca de nosotras ayudándonos en nuestras tareas y aportando una ayuda preciosa formando también parte de la gran familia de Juana Jugan.

Hay mil maneras de ayudar y amar a los ancianos. Algunos tienen necesidad de amistad para salir de su soledad, necesitan amigos que los visiten o les escriban. A veces la pesadez de los años se hace sentir y es para ellos un gran consuelo la presencia de personas que se hagan próximos y que sepan confortarles y escucharles con respeto.

En las casas de las Hermanitas los servicios que se pueden prestar son muy diversos: acompañar a los ancianos cuando tienen que salir, ayudar en el servicio de las comidas y otras tareas hospitalarias, preparar fiestas, colaborar en las actividades organizadas para la animación de los ancianos (teatro, elaboración de trabajos manuales que son confeccionados durante el año, para ser vendidos en beneficio de una casa en un país de misión). Otros voluntarios se prestan para acompañar a las Hermanitas en la colecta, para hacer recados, para asegurar la presencia en la portería, para trabajar en el jardín…

Todos estos amigos de las Hermanitas colaboran en la obra de Juana Jugan y están siempre presentes en la oración de las hermanitas y de los residentes recibiendo además como recompensa la satisfacción profunda que proporciona el poder dar y recibir gratuitamente.