Logo Año Jubilar de la MisericordiaEn la Solemnidad de la Inmaculada Concepción del Año pasado, el Santo Padre convocaba a la Iglesia a vivir este Año de Misericordia. Desde entonces hasta el 20 de noviembre, Solemnidad de Cristo Rey, hemos sido interpelados para ser Misericordiosos como el Padre. El Año Jubilar de la Misericordia, este regalo que el Señor ha querido hacernos, se ha clausurado ya, aunque el imperativo de ser Misericordiosos como el Padre no termina sino que perdura.

  1. Este es momento propicio, en primer lugar, para cultivar en cada uno de nosotros sentimientos de gratitud y de reconocimiento a la Santísima Trinidad, por habernos concedido un tiempo extraordinario de gracia. 349 jornadas de Jubileo donde el Señor ha podido derramar gracias abundantes hacia todos los que se han acercado a Él con corazón abierto.
  2. En segundo lugar,  encomendar la vida de la Iglesia, la humanidad entera y el inmenso cosmos al Señorío de Cristo, esperando que difunda su misericordia como el rocío de la mañana para una fecunda historia, todavía por construir con el compromiso de todos en el próximo futuro.

3.- En tercer lugar, ofrecer nuestra colaboración al Señor de nuestras vidas, al Señor de la historia, para ser testigos de la Misericordia. ¡Que nuestras vidas, cada uno de nosotros, nuestra sociedad, todo esté impregnado de misericordia y podamos así ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios!

El Papa Francisco nos decía al comienzo de este Jubileo:

“Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada… La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos.”

Una vez terminado este Año Jubilar podemos revisar delante del Señor, una a una, las 14 obras de misericordia, examinándonos sobre cómo las hemos vivido, si he sabido practicarlas a lo largo de este año. Así, podremos pedir perdón por las deficiencias y dar gracias por las que hemos puesto en práctica.

Comenzamos con las Obras de Misericordia Corporales:

1.- Dar de comer al hambriento

Hay que compartir el pan -¡hay tantas hambres!-. Pero no basta. Hay que hacerse pan y pan partido, como hizo nuestro Señor Jesucristo. El pan es fraternidad y es vida. El pan partido y compartido es amor.

2.- Dar de beber al sediento

Dar un vaso de agua es fácil y es bonito. Saciar otra sed más profunda es difícil. Saciar la sed definitivamente es imposible.  Pero alguien puede hacer brotar en las entrañas una fuente de agua viva, gozosa, inagotable. Tú puedes ayudar a hacer posible el milagro del agua.

3.- Vestir al desnudo

Quizás no encontramos muchos desnudos que vestir. Suelen estar muy lejos. Quizá haya otro tipo de vestiduras, mejores que la capa de san Martín, que sí debemos poner: la vestidura del honor, del respeto, de la protección. Siempre tendremos que cubrir la desnudez del prójimo con el manto de la caridad

4.- Acoger al peregrino

Acoger al que llama a la puerta de nuestra casa, pero no sólo materialmente sino cordialmente. Todo el que se acerca a nosotros es un peregrino, que a lo mejor sólo pide una palabra, una sonrisa o una escucha.

5. -Asistir a los enfermos.

Algunos más que otros tienen la oportunidad diariamente de vivir esta obra de misericordia. No es una visita desde lejos, una visita por cumplir, sino algo que significa cercanía y compasión. Una visita que supone comunicación, ayuda, cuidado, ternura, consuelo, confianza. Son partecitas del cuerpo doliente de Cristo. Todos tenemos alguna enfermedad o alguna dolencia. Por eso tenemos que tratarnos comprensiva y compasivamente.

6.- Redimir al cautivo.

No está en nuestras manos sacar a los presos de la cárcel; pero sí podemos aliviar y orientar a los presos que están en la cárcel. No podemos quitar las esposas de las muñecas; pero sí podemos quitar las cadenas del alma. Hay muchas cárceles y esclavitudes íntimas. Es tarea nuestra, es obra de misericordia, liberar a todos los cautivas: desde el preso al drogadicto, desde el avaricioso al consumista, desde el lujurioso al hedonista, desde el hincha al fanático de lo que sea.

7.- Enterrar a los muertos

A lo largo de nuestra vida tenemos ocasiones para practicar esta obra de misericordia. Acompañar a los difuntos en la oración esperanzada, en el amor y el agradecimiento. También es una obra de misericordia estar cerca de los que sufren por estas muerte.. Cuando damos el pésame o “acompañamos en el sentimiento”, que no sea una rutina o una palabra vacía.

Prosigamos ahora con las Obras de Misericordia Espirituales:

1.- Dar consejo al que lo necesita.

Un buen consejo, una palabra orientadora, puede ser luz en la noche, puede ahorrar muchos tropiezos y caídas, puede salvar una vida del fracaso y la desesperación.

2.- Enseñar al que no sabe.

Es una bonita obra de misericordia, pero a veces nos encariñamos tanto con ella que queremos dar lecciones a todo el mundo. Esta misericordia debemos practicarla con moderación. 

A lo mejor es preferible que nos dejemos enseñar. Esto también es obra de misericordia: saber escuchar y agradecer lo que hemos aprendido. Todos necesitamos aprender unos de otros,

Enseña, sí, al que no sabe, pero sin humillarle. Enséñale a saber. Y para que sea obra de misericordia se necesita una condición: la gratuidad.

3.- Corregir al que yerra.

También la corrección fraterna es una obra de misericordia, pero cuando se hace desde la humildad y desde el amor. Desde la humildad, reconociendo que también nosotros nos equivocamos. No queramos sacar la paja en el ojo ajeno, sin darnos cuenta de nuestra viga. Desde el amor, no para herir al hermano sino para salvarle. Y hacerlo además cariñosa, delicadamente y con simpatía.

4.- Consolar al triste

Cada uno de nosotros tendría que ser un ángel del consuelo, como el que se acercó a Jesús en su agonía, y escribir cada día alguna página del libro de la Consolación. Quizás son muchas las personas que sufren la tristeza, a veces por cosas bien pequeñas y que conviven conmigo. ¡Resulta tan fácil y tan bonito hacer felices a los demás! Podría bastar una palabra, una sonrisa, una explicación, un desahogo, un gesto de cariño.  El que consuela se parece a Dios, que se dedica a enjugar las lágrimas de todos los rostros.

5.- Perdonar las ofensas

Es de lo más difícil. Somos tan propensos a la venganza y el resentimiento. Por eso Jesús nos dio un ejemplo maravilloso, y nos cogió la palabra en la oración que puso en nuestros labios.  Esta es una de las obras de misericordia más cristiana. Perdonar, aunque la ofensa duela mucho. Perdonar setenta veces siete. Perdonar, si puede, hasta olvidar. Perdonar y amar. Y perdonarnos también a nosotros mismos.

6.- Sufrir con paciencia las flaquezas de nuestro prójimo

Damos por supuesto que todos tenemos flaquezas. La convivencia es fuente de alegría y enriquecimiento, pero es también una llamada al vencimiento y el vaciamiento.  Si llevamos con paciencia las flaquezas del prójimo –y las nuestras-, nos ayudará a crecer en el amor y la misericordia. Como Dios, que tiene paciencia infinita con nosotros. Y llevarlas también con humor.

7.- Rogar a Dios por los vivos y por los difuntos

Rezar no debe ser una rutina. Rezar es amor. Cuando se reza por alguien es solidarizarse con él. No rezamos para ablandar el corazón de Dios, sino para agrandar el nuestro. Rezar es llenar nuestro corazón de nombres.  Rezar por los demás hace bien a nosotros mismos, porque nos ayuda a amar y nos compromete para hacer realidad, en la medida de nuestras fuerzas, aquello que pedimos. Si rogamos a Dios por los vivos y examen-misericordiadifuntos y sentiremos cómo crece la comunión de los santos.

Sólo Dios y cada uno de nosotros sabe la nota que hemos obtenido en este examen, pero una cosa tenemos clara y es que ES ETERNA SU MISERICORDIA. Por tanto el Amor misericordioso no sólo nos acompaña en este vida, sino también en la vida futura, todo bajo la mirada misericordiosa de Dios Padre.

“Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su Misericordia”