“NO OLVIDEN NUNCA QUE EL POBRE ES NUESTRO SEÑOR”

Juana Jugan

 Como cristianas y consagradas, las hermanitas de los pobres no perdemos de vista el mandato de Jesús de “ir por todo el mundo y anunciar el Evangelio”. Fieles a la inspiración carismática de nuestra fundadora, orientamos este anuncio hacia las personas mayores y a través de nuestro humilde servicio, les encaminamos hacia su destino eterno, respetando siempre sus creencias.

En nuestras casas la vida es sencilla, como la de una gran familia. A ellas tienen acceso los ancianos de cualquier raza cultura o religión. Nos esforzamos en procurarles los cuidados de toda índole que su estado requiere, el bienestar y confort equilibrados que su edad exige, las ocupaciones y esparcimientos que les ayuden a mantenerse jóvenes de espíritu… y todo esto dentro de un clima evangélico de respeto a la libertad individual, en un ambiente fraterno de colaboración y apertura y respondiendo a los legítimos deseos de los ancianos según la mentalidad de los distintos países.

Siempre a la escucha de los ancianos intentamos responder a sus necesidades y aspiraciones más profundas: deseo de ser respetados y amados, nostalgia de sentirse útiles, aprensión a la soledad unida a un espacio de intimidad, reconocimiento de su dignidad y la seguridad de ser cuidados hasta el final.

Depositarias de un carisma ofrecido por Dios a Juana Jugan para el mundo, estamos llamadas a transmitir el amor de Dios por los pobres y hacer descubrir a los ancianos, a través de su pobreza y de las limitaciones de la vejez, la belleza y el valor de la vida.

 

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