Logo Año Jubilar de la MisericordiaEl Jubileo extraordinario de la Misericordia ha llegado a su fin. De hecho, el domingo de Cristo Rey fue el día indicado por el Santo Padre para la clausura en Roma de este evento eclesial. Del mismo modo el 13 de noviembre tuvo lugar la clausura de las Puertas Santas de las iglesias particulares. Catedrales, Basílicas y otras iglesias de todo el mundo, vieron cerrar sus puertas jubilares para volverlas a abrir en un próximo Jubileo. En la bula que el Papa Francisco escribió para convocar este Jubileo, indicaba que el periodo del mismo transcurriría entre el día de la Inmaculada Concepción del 2015 hasta el 20 de Noviembre de 2016, Solemnidad de Cristo Rey del Universo.

Por tanto, el próximo domingo, solemnidad de Cristo Rey, tendrá lugar en Roma la Clausura de la Puerta Santa de la Basílica en el Vaticano. El Año Santo llega a su fin, pero la misericordia, la necesidad que tenemos los cristianos de contemplar la misericordia en Jesús para poder practicarla con los hermanos, no acaba, al contrario, tiene que multiplicarse como fruto de este Año.

 

El Año Santo de la Misericordia, tiene como lema «Misericordiosos como el Padre». En este artículo queremos acercarnos a su significado, su historia, su alcance.

El día en el que cumplía dos años de pontificado, el papa Francisco anunció la convocatoria para este Año Santo Extraordinario de la Misericordia. Lo hizo durante la homilía que dio inicio a la 2ª edición de la jornada «24 horas para el Señor».

¿Qué significa vivir un año jubilar?Sabia usted.

En la tradición católica, el Jubileo es un gran acontecimiento religioso. Es el año de la remisión de los pecados y de sus penas. Es el año de la reconciliación, de la conversión y de la penitencia sacramental. El Año Jubilar es ante todo el Año de Cristo, portador de la vida y de la gracia a la humanidad.
Sus orígenes se remontan al Antiguo Testamento. La ley de Moisés había determinado para el pueblo hebreo un año particular: «Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada cual regresará a su familia. Este año cincuenta será para vosotros un jubileo; no cortaréis ni segaréis los rebrotes, ni vendimiaréis la viña que ha quedado sin podar, porque es el jubileo que será sagrado para vosotros. Comeréis lo que el campo dé de sí. En este Año Jubilar recobraréis cada uno vuestra propiedad» (Lev 25,10-13).
La trompeta con que se anunciaba este año particular era un cuerno de carnero padre, que se llama «yobel» en hebreo, de ahí la palabra «Jubileo». La celebración de este año llevaba consigo, entre otras cosas, la restitución de las tierras a sus antiguos propietarios, la remisión de las deudas, la liberación de los esclavos, y el reposo de la tierra. En el Nuevo Testamento, Jesús se presenta como Aquel que lleva a su cumplimiento el Jubileo antiguo, ya que Él ha venido a predicar el año de gracia del Señor (cf. Is 61,1-2).

Año jubilar, un poco de historia

La Iglesia católica inició la tradición del Año Santo con el papa Bonifacio VIII, en el año 1300. Este previó la realización de un jubileo cada siglo. Desde el año 1475, para permitir a cada generación vivir al menos un Año Santo, el jubileo ordinario comenzó a espaciarse al ritmo de cada 25 años. Un jubileo extraordinario, en cambio, se proclama con ocasión de un acontecimiento de particular importancia.
El rito inicial del jubileo es la apertura de la Puerta Santa, un símbolo que expresa que durante el tiempo jubilar, se ofrece a los fieles una vía extraordinaria hacia la salvación.

Obras-de-misericordia¿Por qué un año santo de la misericordia?

La Misericordia ha sido hasta el momento el eje central de la predicación del papa Francisco. En la Bula de convocatoria del Jubileo Misericordiae Vultus (M.V.), explica que en estos momentos de nuestra historia «estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre».
Él desea, lo indica en la carta enviada a Mons. Fisichella, «que el Jubileo sea experiencia viva de la cercanía del Padre, como si se quisiese tocar con la mano su ternura, para que se fortalezca la fe de cada creyente y así, el testimonio sea cada vez más eficaz».
El 8 de diciembre, día en que fue abierto este Jubileo Extraordinario de la Misericordia, se cumplió el 50 aniversario de la conclusión del Concilio Vaticano II, un evento del que «la Iglesia siente la necesidad de mantener vivo» (MV4).

¿Cómo ganar la indulgencia en este año jubilar?Sabia usted

«Para vivir y obtener la indulgencia los fieles están llamados a realizar una breve peregrinación hacia la Puerta Santa, abierta en cada catedral o en las iglesias establecidas por el obispo diocesano y en las cuatro basílicas papales en Roma, como signo del deseo profundo de auténtica conversión.»
«Es importante que este momento esté unido, ante todo, al Sacramento de la Reconciliación y a la celebración de la santa Eucaristía con una reflexión sobre la misericordia.»
«Será necesario acompañar estas celebraciones con la profesión de fe y con la oración por mí y por las intenciones que llevo en el corazón para el bien de la Iglesia y de todo el mundo.»

Así de claro explica el papa Francisco el modo de ganar las indulgencias. También se dirige a los enfermos y personas ancianas y solas, y para ellos indica que «será de gran ayuda vivir la enfermedad y el sufrimiento como experiencia de cercanía al Señor que en el misterio de su pasión, muerte y resurrección indica la vía maestra para dar sentido al dolor y a la soledad. Vivir con fe y gozosa esperanza este momento de prueba, recibiendo la comunión o participando en la santa misa y en la oración comunitaria, también a través de los diversos medios de comunicación, será para ellos el modo de obtener la indulgencia jubilar».
A los presos  el Papa también ha querido «que a todos ellos llegue realmente la misericordia del Padre», por eso ganan indulgencia «cada vez que atraviesen la puerta de su celda, dirigiendo su pensamiento y la oración al Padre».

¿Hacia dónde nos encamina este año jubilar?

«Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre». Con esta afirmación tan clara como verdadera, comienza la Bula de convocatoria para este Jubileo. Toda la Iglesia comienza este camino jubilar, pero ¿hacia dónde nos lleva?
El Santo Padre lo indica con el corazón abierto en el documento que acabamos de citar: «¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios! A todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros».
«La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia». Por tanto, cada uno de los miembros de la Iglesia debemos contemplar continuamente el rostro misericordioso de Jesús para poder ser así testigos ante todos de la misericordia del Padre, practicando las obras de misericordia corporales y espirituales. No olvidemos la enseñanza de S. Juan de la Cruz: «En el ocaso de nuestras vidas, seremos juzgados en el amor».