Corazon de Maria

Hoy, sábado después de la Solemnidad del Corazón de Jesús, la Iglesia nos presenta el Corazón Inmaculado de María. «A Jesús por María» nos enseñan los santos.
El Inmaculado Corazón de la Madre es la mejor escuela en la que podemos matricularnos para aprender del Corazón de Jesús, también el mejor refugio, como nos enseña el Mensaje de Fátima. En la segunda aparición de la Virgen de Fátima a los pastorcillos, el 13 de Junio de 1917, María dijo a Lucia «¡No te desanimes! Nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá a Dios.»
En esta misma aparición la Virgen le dice: “Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar. Quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”.

Todos los santos han tenido un gran amor a María Santísima, también Santa Juana Jugan. Desde su más tierna infancia, mientras pastoreaba los rebaños en la bahía del Monte St. Michael, en su querida Bretaña, recitaba su rosario. Su madre la ensañaba a rezar.

 

Juana Jugan niñaYa en su juventud, en noviembre de 1817, después de participar en una misión parroquial en Saint-Servan, el 8 de diciembre se incorporó a la congregación de las Hijas de María restablecida por los misioneros. Hacia la misma época, tras un noviciado de un año, fue admitida en la orden tercera del Corazón de la Madre Admirable fundada por San Juan Eudes; hizo voto de castidad perpetua y llevó desde entonces una vida religiosa en el mundo.
Faltaban aún 22 años hasta que el gesto fundador de acoger a una anciana paralítica y ciega diera inicio a la congregación de las Hermanitas de los Pobres. Fue en ese entonces que el reglamento de la orden tercera del Corazón de la Madre Admirable fue la inspiración para elaborar su propio reglamento, unida a sus primeras compañeras. De este modo Jeanne Jugan, Virginie Trédaniel y Marie Jamet, el 15 de octubre de 1840, la obra de Jeanne recibió el primer reconocimiento oficial bajo la presidencia del padre Le Pailleur, delegado por el cura de St. Servan, el padre Georges. A partir de entonces las tres asociadas empezaron a llamarse con el nombre de «Hermana».
María siempre ha tenido un lugar muy importante en la espiritualidad de la Santa María de la Cruz.
Las hermanitas que la conocieron durante sus últimos años, dan estos testimonios: «¡Oh, cómo amaba a la Stma. Virgen! Cuando hablaba de ella, tenía un aspecto de cielo. Tenía una gran confianza en su maternal protección»; a ella recurrió desde los orígenes. Esto no era nada extraño en esta antigua hija de María y terciaria del Corazón de María.
Sus oraciones marianas favoritas eran el avemaría y el «Acordaos». Tenía costumbre de recitarlas para dar las gracias a las novicias que le prestaban algún servicio. Decía: «Por el Avemaría iremos al paraíso». «Recen a menudo el Acordaos; nunca dirán demasiado: Acordaos ¡oh piadosísima Virgen María!»