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La V Jornada Mundial de los Pobres que se celebra este año el 14 de noviembre, tiene como lema «A los pobres los tienen siempre con ustedes». Son palabras del mismo Jesús que  «pronunció —como indica el Papa Francisco en el mensaje enviado para la ocasión— en el contexto de una comida en Betania, en casa de un tal Simón, llamado «el leproso», unos días antes de la Pascua.»

Los pobres están con nosotros, es una realidad, pero el Papa nos hace ver más allá al afirmar en el citado mensaje que «El rostro de Dios que Él revela, es el de un Padre para los pobres y cercano a los pobres. Toda obra de Jesús afirma que la pobreza no es fruto de la fatalidad, sino un signo concreto de su presencia entre nosotros.» Por ello estamos llamados a reconocerlo en la vida de los pobres, en su sufrimiento en su indigencia… Y de nuevo el Papa nos repite, como en otras ocasiones «Los pobres nos evangelizan», ¡qué verdad esconden estas palabras!

El rostro del pobres, es el rostro de Cristo, la mirada del pobre es la mirada de Cristo, el llanto del pobre, es el llanto de Cristo.

Podríamos preguntarnos: ¿Cuál es mi actitud ante el pobre? Dejarnos evangelizar por ellos es tarea de todo cristiano, más aún en este momento de la historia que estamos viviendo tan crítico. Estamos llamados —continúa Francisco— a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos…. lo importante es poner la atención en el otro.

Jesús comparte con los pobres su misma suerte, por ello, debemos hacer atención, como continúa el Papa, a no acostumbrarnos a los pobres, un acostumbramiento que se convierte en indiferencia, sino que debemos involucrarnos en un compartir la vida que no admite delegaciones.

Porque los pobres no son números, no son estadísticas, son hermanos y hermanas que necesitan nuestra ayuda, no una ayuda puntual, que hasta puede ser gratificante para mí, sino un compromiso, un compartir duradero.

Las Hermanitas de los Pobres somos testigos de primera mano, de tantas y tantas personas de buena voluntad que vienen en ayuda de los pobres, los Ancianos más necesitados. Durante este tiempo de pandemia han sido nuestros pies y nuestras manos, y desde aquí nuestro más sincero agradecimiento por tantos gestos ocultos, pero eficaces, en favor de los pobres, el mismo Cristo. Porque «los creyentes, cuando quieren ver y palpar a Jesús en persona, saben a dónde dirigirse, los pobres son sacramento de Cristo, representan su persona y remiten a él.»

El Papa nos recuerda en su mensaje al Padre Damián de Molokai, que fue canonizado el mismo día que Santa Juana Jugan, nuestra fundadora. Dos santos que dieron su vida en favor de los pobres, tanto uno como el otro, dan un testimonio muy actual en nuestros días, marcados por esta pandemia del coronavirus.

Jesús nos invita a la conversión, a una vida coherente, libre de tantas cosas efímeras, donde ponemos muchas veces nuestra seguridad, pero al fin y al cabo una frágil seguridad. Conversión que nos pide una nueva mirada hacia el pobre, el que sufre, pero hay un paso más a dar, formar parte de los pobres, como hizo Cristo «que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza». Con este deseo termina este profundo mensaje del Papa para esta V Jornada Mundial de los Pobres «Qué evangélico sería si pudiéramos decir con toda verdad: también nosotros somos pobres, porque sólo así lograremos reconocerlos realmente y hacerlos parte de nuestra vida e instrumentos de salvación.»