“SEAN PEQUEÑAS, BIEN PEQUEÑAS, BIEN HUMILDES”

Juana Jugan

DSCF0645“Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.”

Ante la avidez de progreso y de libertad de sus contemporáneos, Juana Jugan aporta el testimonio transparente de la revelación de los misterios de Dios a los “pequeños”.

Juana Jugan vive su fe con la sencillez de los “pequeños”. Avanza resueltamente, dirigiendo a los acontecimientos y a las personas una mirada de fe viva, que engendra la esperanza y obra por la caridad.

Veinte años de pertenencia a la Orden Tercera del Corazón de la Madre Admirable simplifican su alma mediante la contemplación del misterio de Jesús y de María. La espiritualidad de san Juan Eudes la había preparado a penetrar en la riqueza sobrenatural de la hospitalidad para llevar a cabo su propia misión hospitalaria con sencillez, humildad y unión a Dios en la oración y la caridad.

La divina Providencia da un poderosísimo apoyo a la obra de Juana Jugan en la tradición de caridad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Sin impedir el desarrollo de su obra, según su carisma y su carácter específico, dicha Orden le comunica su gran impulso de caridad hospitalaria. A la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Juana Jugan debe también el “voto de hospitalidad” por el cual el servicio de los Ancianos pobres es elevado a la dignidad de un acto de la virtud de religión.

JEstas dos grandes corrientes espirituales llegan -como por un designio de Dios- a unirse en el alma de Juana Jugan, y crean en ella una capacidad de apertura universal. La rápida expansión de su obra le muestra que Dios la destina para una vocación de caridad que sólo podrá realizarse mediante la adhesión indefectible a la Iglesia.
Aspirando a una unión íntima y personal con Cristo, le buscamos sencillamente en la fe, la esperanza y la caridad y le descubrimos en la oración.

Queremos así realizar en nuestra vida una profunda unidad entre contemplación y acción, puesto que esta unidad reside en la caridad divina que nos lleva con un mismo ímpetu hacia oración y hacia la acción apostólica.

Nuestra vida de oración, personal o comunitaria, expresa y refuerza nuestra relación de amor filial con Dios, estableciendo la unidad profunda en nuestra vida, porque nos hace a la vez presentes a Dios y a los hombres.

Desde los orígenes, nuestra familia hospitalaria se ha desarrollado bajo la protección especial de María Inmaculada, “nuestra Madre, modelo, alegría y protección y contemplando también a San José, jefe y proveedor de la Sagrada Familia, lo tenemos como Protector de la Congregación acudiendo a su poderosa intercesión en nuestras necesidades espirituales y materiales.